jueves, 28 de agosto de 2008

Sin razón decidí volver...


Que tul? Todo well? Oca. Heme aquí.
Bueno a lo mío. Recomiendo subir por Arroyo, desde Libertador, claro, hasta llegar a Libertad. Disfrute, si el gobierno se lo permite, del verdor y la frescura de esa bella arteria hasta arribar, al cabo de unos pocos minutos, a Posadas. En la esquina detengase durante algunos segundos (no más de diez o doce, en la zona no tardan en descubrir a los advenedizos y caerles encima para machacarles la cabeza a golpes de puño) y observe el cielo. Verá que allí el cielo celeste es más celeste, las baldosas gastadas están menos gastadas y hay una puerta azul, sobre la vereda noroccidental. Empújela. Una vez abierta, no tema. Entre y aprecie los alerces agitándose al viento, los pinares refrescando el ambiente, el césped muy verde y mullido, el silencio que cae sobre uno como una lluvia de perfume importado. Dése una vuelta, aprecie el espectáculo.
Cuando termine de oxigenarse, vuelva por donde vino. Ya otra vez en la calle, y después de cerrar la puerta, puede deprimirse tranquilo mientras vuelve a su casa en bondi, sabiendo que en su barrio jamás encontrará una puerta como ésa.

martes, 19 de agosto de 2008

Sin ganas es imposible.


Porque volví? Andá a saber.
Aburrimiento? Ganas de decir algo que no diga nada? Necesidad de seguir ocupando un espacio que nadie sabe que ocupo? Porque volví?
Andá a saber.

jueves, 31 de enero de 2008

Au revoire. O como sea.


Creo que ya no tengo nada que decir. Se me acabaron los temas, las ideas, los intereses que compartir. No se si esto sirvió de algo. No me parece. Creo que va a ser mejor que vuelva a ser esa mujer anónima que no tenía ganas de hablar con desconocidos.
Esto, desde ya, no es un adiós. Es un tal vez volvamos a vernos, quizás un pequeño hasta luego que revolotea sobre el teclado.

miércoles, 9 de enero de 2008

Hola Carola, te traje una Lola!!!! (O dos).


Hoy, un día como hoy, subí al colectivo, puse la moneda en la máquina, caminé por el pasillo y me llegué a un asiento en el que apoyé las nalgas, luego de un movimiento grácil. Hoy, un día como hoy, con casi cuarenta grados de térmica en esta Buenos Aires con demasiado sol, sentí ganas de no quejarme.
Lógicamente, esas ganas se disiparon pronto.
Por suerte.

martes, 8 de enero de 2008

Un embole.


Una vez le mordí una pantorrilla a un tipo. Sucede que estábamos durmiendo juntos en su casa, y cuando digo durmiendo lo digo literalmente, es decir, la mejor parte ya la habíamos pasado, aunque no fue demasiado mejor, la verdad, hasta que el man me pone la pierna y me aplasta un pecho. Carajo, pensé al despertar de un sueño intranquilo. Y le mordí la pantorrilla. El loco saltó aullando y empezó a putearme. Le dije que fue lo que sucedió, y me puteó más. Al rato me estaba yendo. Y no lo volví a ver. Es lindo que alguien te recuerde. Mal. Pero que te recuerde.
No lo olvides, chico.

Hoy soy, hasta cierto punto, yo.


No tengo ganas de escribir. Hoy es uno de esos días no se qué, cielo plomizo, aire denso, respiración entrecortada por el calor, una porquería. Una jornada de esas en que una no siente demasiadas ganas de ser una, o, en realidad, como una nunca tiene demasiadas ganas de ser eso que se supone que es, en días como el de hoy, una tiene ganas de ser, tal vez, un estreptilococo o un morfosaurio o una mesa de fórmica circa año 68 o, por que no desearlo, en un día como el de hoy, un suave beso echado a volar por labios jóvenes e inocentes.

lunes, 7 de enero de 2008

A la ocasión la pintan manca, o algo asi, no?


Cuenta la historia que el joven Ramón Maza, hijo del viejo Maza, fue uno de los tantos conjurados que en el año del Señor de 1839, en pleno bloqueo anglofrancés, o francoinglés, intentaron dar muerte al Restaurador de las Leyes. Mientras hablaban, el susodicho hijo del viejo Maza y Don Juan Manuel en una galería que daba a los jardines de la casona de Palermo, a solas, pintó una oportunidad que había que ser muy salame para dejar escapar.
Pero claro. El pibe, que era coronel, pero era un pibe, no tuvo los cojones. Así que se rajó. Y el Gobernador, piola, le tendió una trampa, unas horas a posteriori (chupate esa mandarina), y lo hizo fusilar. Porque el padre de Manuelita, digo, la hija del tal Rosas, no la tortuga, no era ningún sonso, vean. Pos claro, manito. Ya lo sabía. Porque no al pedo llegó donde llegó, digo.
En pocas palabras.
¡¡¡¡Hay que ser boludo, ehhhh!!!!!