jueves, 7 de octubre de 2010

Big night? No, vieja...


Conocí, hace tres días, a un pibe. Normalito, simpaticón, macanudo, bah. Nos encontramos ayer en la puerta de La Perla de Once. Pedimos cerveza. Creo haber comentado que alguna vez, con una amiga, asaltamos el barcito de mi viejo y nos mamamos con ginebra. La cuestión es que, desde esa noche, la ginebra me re cabe. Y tomarla a la holandesa, es decir, después de una jarra de birra, ni hablar. Pero no me dió andar mostrándome tanto la primera vez que el pibe salía conmigo, así que me contenté con una Stella. Charlamos un rato, y cuando ya nos quedábamos sin mucho que decir, el man me preguntó si me interesaba acompañarlo a un Cine Club de la avenida Córdoba donde daban una de Truffaut. Los primeros segundos, me patinó el embrague y no supe qué contestar.
Un eehh... yooo... eh... me... saltó de mis labios a la mesa y se escurrió entre los vasos, hasta que pude armarme y contestarle un No demasiado rotundo, que no era lo que el flaco merecía. Me miró algo desconcertado, así que hice un rebaje y empecé, algo plañidera, a decir que mañana, el laburo, mis sobrinos... bueno dale. Y allá fuimos con el 168 rumbo a Villa Crespo, creo.
"Diario íntimo de Adéle H."
Por Dios.

jueves, 28 de agosto de 2008

Sin razón decidí volver...


Que tul? Todo well? Oca. Heme aquí.
Bueno a lo mío. Recomiendo subir por Arroyo, desde Libertador, claro, hasta llegar a Libertad. Disfrute, si el gobierno se lo permite, del verdor y la frescura de esa bella arteria hasta arribar, al cabo de unos pocos minutos, a Posadas. En la esquina detengase durante algunos segundos (no más de diez o doce, en la zona no tardan en descubrir a los advenedizos y caerles encima para machacarles la cabeza a golpes de puño) y observe el cielo. Verá que allí el cielo celeste es más celeste, las baldosas gastadas están menos gastadas y hay una puerta azul, sobre la vereda noroccidental. Empújela. Una vez abierta, no tema. Entre y aprecie los alerces agitándose al viento, los pinares refrescando el ambiente, el césped muy verde y mullido, el silencio que cae sobre uno como una lluvia de perfume importado. Dése una vuelta, aprecie el espectáculo.
Cuando termine de oxigenarse, vuelva por donde vino. Ya otra vez en la calle, y después de cerrar la puerta, puede deprimirse tranquilo mientras vuelve a su casa en bondi, sabiendo que en su barrio jamás encontrará una puerta como ésa.

martes, 19 de agosto de 2008

Sin ganas es imposible.


Porque volví? Andá a saber.
Aburrimiento? Ganas de decir algo que no diga nada? Necesidad de seguir ocupando un espacio que nadie sabe que ocupo? Porque volví?
Andá a saber.

jueves, 31 de enero de 2008

Au revoire. O como sea.


Creo que ya no tengo nada que decir. Se me acabaron los temas, las ideas, los intereses que compartir. No se si esto sirvió de algo. No me parece. Creo que va a ser mejor que vuelva a ser esa mujer anónima que no tenía ganas de hablar con desconocidos.
Esto, desde ya, no es un adiós. Es un tal vez volvamos a vernos, quizás un pequeño hasta luego que revolotea sobre el teclado.

miércoles, 9 de enero de 2008

Hola Carola, te traje una Lola!!!! (O dos).


Hoy, un día como hoy, subí al colectivo, puse la moneda en la máquina, caminé por el pasillo y me llegué a un asiento en el que apoyé las nalgas, luego de un movimiento grácil. Hoy, un día como hoy, con casi cuarenta grados de térmica en esta Buenos Aires con demasiado sol, sentí ganas de no quejarme.
Lógicamente, esas ganas se disiparon pronto.
Por suerte.

martes, 8 de enero de 2008

Un embole.


Una vez le mordí una pantorrilla a un tipo. Sucede que estábamos durmiendo juntos en su casa, y cuando digo durmiendo lo digo literalmente, es decir, la mejor parte ya la habíamos pasado, aunque no fue demasiado mejor, la verdad, hasta que el man me pone la pierna y me aplasta un pecho. Carajo, pensé al despertar de un sueño intranquilo. Y le mordí la pantorrilla. El loco saltó aullando y empezó a putearme. Le dije que fue lo que sucedió, y me puteó más. Al rato me estaba yendo. Y no lo volví a ver. Es lindo que alguien te recuerde. Mal. Pero que te recuerde.
No lo olvides, chico.

Hoy soy, hasta cierto punto, yo.


No tengo ganas de escribir. Hoy es uno de esos días no se qué, cielo plomizo, aire denso, respiración entrecortada por el calor, una porquería. Una jornada de esas en que una no siente demasiadas ganas de ser una, o, en realidad, como una nunca tiene demasiadas ganas de ser eso que se supone que es, en días como el de hoy, una tiene ganas de ser, tal vez, un estreptilococo o un morfosaurio o una mesa de fórmica circa año 68 o, por que no desearlo, en un día como el de hoy, un suave beso echado a volar por labios jóvenes e inocentes.