domingo, 16 de enero de 2011

Ah...


Escribió Julio en Rayuela: "Me asomé a la ventana y tuve un vómito de mí mismo".
Caramba.

Flotar, flotar y nada mas.


Soñé que era una medusa flotando en un océano oscuro y cálido.

Un poco de rock? Y, nunca viene mal.


Algo de los Stones, tal vez?

La tarde se me vino encima. Y no me di cuenta.


Cuando llegué a casa, miré por la ventana la tarde gris y sentí ganas de escuchar algo de Morrisey.
Que cosa.

jueves, 7 de octubre de 2010

Big night? No, vieja...


Conocí, hace tres días, a un pibe. Normalito, simpaticón, macanudo, bah. Nos encontramos ayer en la puerta de La Perla de Once. Pedimos cerveza. Creo haber comentado que alguna vez, con una amiga, asaltamos el barcito de mi viejo y nos mamamos con ginebra. La cuestión es que, desde esa noche, la ginebra me re cabe. Y tomarla a la holandesa, es decir, después de una jarra de birra, ni hablar. Pero no me dió andar mostrándome tanto la primera vez que el pibe salía conmigo, así que me contenté con una Stella. Charlamos un rato, y cuando ya nos quedábamos sin mucho que decir, el man me preguntó si me interesaba acompañarlo a un Cine Club de la avenida Córdoba donde daban una de Truffaut. Los primeros segundos, me patinó el embrague y no supe qué contestar.
Un eehh... yooo... eh... me... saltó de mis labios a la mesa y se escurrió entre los vasos, hasta que pude armarme y contestarle un No demasiado rotundo, que no era lo que el flaco merecía. Me miró algo desconcertado, así que hice un rebaje y empecé, algo plañidera, a decir que mañana, el laburo, mis sobrinos... bueno dale. Y allá fuimos con el 168 rumbo a Villa Crespo, creo.
"Diario íntimo de Adéle H."
Por Dios.

jueves, 28 de agosto de 2008

Sin razón decidí volver...


Que tul? Todo well? Oca. Heme aquí.
Bueno a lo mío. Recomiendo subir por Arroyo, desde Libertador, claro, hasta llegar a Libertad. Disfrute, si el gobierno se lo permite, del verdor y la frescura de esa bella arteria hasta arribar, al cabo de unos pocos minutos, a Posadas. En la esquina detengase durante algunos segundos (no más de diez o doce, en la zona no tardan en descubrir a los advenedizos y caerles encima para machacarles la cabeza a golpes de puño) y observe el cielo. Verá que allí el cielo celeste es más celeste, las baldosas gastadas están menos gastadas y hay una puerta azul, sobre la vereda noroccidental. Empújela. Una vez abierta, no tema. Entre y aprecie los alerces agitándose al viento, los pinares refrescando el ambiente, el césped muy verde y mullido, el silencio que cae sobre uno como una lluvia de perfume importado. Dése una vuelta, aprecie el espectáculo.
Cuando termine de oxigenarse, vuelva por donde vino. Ya otra vez en la calle, y después de cerrar la puerta, puede deprimirse tranquilo mientras vuelve a su casa en bondi, sabiendo que en su barrio jamás encontrará una puerta como ésa.

martes, 19 de agosto de 2008

Sin ganas es imposible.


Porque volví? Andá a saber.
Aburrimiento? Ganas de decir algo que no diga nada? Necesidad de seguir ocupando un espacio que nadie sabe que ocupo? Porque volví?
Andá a saber.